jueves, 11 de abril de 2013

VICTOR CHAB

Página del artista: www.chabvictor.com.ar

Fotografías de Liliana Sánchez

Una breve introducción a su obra


Fotografía de Sameer Makarius


Fotografía de Anatole Saderman




Devela, detrás de las categorías y estructuras plásticas, la existencia de una escena en la cual el artista, definido en el topos de su comunicación con el otro comienza por negarla para crear un nuevo mecanismo. Es así que después de haber asentado y afirmado una modalidad determinada, la transforma para lanzarse en un salto sin red hacia otra dimensión expresiva. De esta manera imprime un ritmo particular a su trayectoria artística en la que se afirma una premisa de Breton: la belleza será convulsiva o no será. Este ritmo poético demuestra que las concepciones apriorísticas de toda comunicación son susceptibles de ser alteradas, disueltas, transformadas.





La pintura de Víctor Chab revela una palpable proximidad a la estructura poética. Esta estrecha relación proviene, sin duda, de su trayectoria surrealista; en el surrealismo imagen y poesía son complementarias, a pesar de no operar con los mismos sistemas de signos, se demandan una a la otra más allá de la morfología de la representación.


En su obra, la narración no es algo externo sino un continuum con la imagen y es casi imposible agregar argumentos para completarla, para llevarla a su culminación o saturarla.


El lenguaje de estas obras realiza una subversión, para instalar nuevos modos de comunicación.

Sylvia Valdés




El saludo del Ángel, 1953


Las fases de la Luna, 1959



La  Sorciere, 1978



De profundis, 2012


El taller del artista
(Fotografías de Liliana Sánchez)


Formarse no es nada fácil, pero reformarse lo es menos aún.
Jean Cocteau







































 Presencias de Picasso y Max Ernst








 Cada técnica que adopto me va llevando a la otra casi sin darme cuenta. Lo ismo me pasa con las imágenes. Una pintura nunca está terminada porque se continúa en otras y ninguna técnica es definitiva porque va dando las pautas para otras técnicas por necesidades expresivas y a veces fortuitas y azarosas, como en el caso de Max Ernst que un día frotó un papel sobre una mesa y descubrió el frottage.
Yo no pienso: voy a incorporar el lápiz. Un día estoy pintando, tengo un lápiz en la mano y corrijo una forma. Y me digo, qué pasaría si sigo con lápiz. A partir de ahí comienzo a investigar una nueva técnica. Es algo a lo que voy siendo llevado por el proceso de trabajo. la obra se desarrolla en algún sentido como una película cuyo final ignoro y que, además, no quiero saber.


Entrevista con Mónica Farkas